Copa Libertadores

River Plate: de la B a campeón de la Libertadores

El nuevo campeón de América padeció un descenso, aceleró el duelo y encontró en sus raíces la fórmula para recuperar el lugar que le corresponde en el fútbol
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River Plate: de la B a campeón de la Libertadores
JUAN MABROMATA AFP

Hubo un día que River Plate comprobó que es de hierro. Ese domingo de junio se demostró a sí mismo y a los demás que ni siquiera el momento más temido lograría derrumbarlo. Con el descenso aún en carne viva y el estadio Monumental confundido entre llanto, caos y violencia, se juró volver.

La misión de reconstrucción le quitó espacio a los lamentos y a la búsqueda de responsables. Hombres de la casa como Matías Almeyda que asumió la dirección técnica, y los jugadores Fernando Cavenaghi y David Trezeguet ayudaron a procesar el duelo.

La segunda división apareció como la dimensión desconocida. Canchas rústicas, vestuarios con goteras, viajes más largos. Dientes apretados por encima de su estilo de toque. El “Hoy hay que ganar, hoy hay que ganar” como mandato. Sólo hasta la última fecha consiguió el ascenso. Cumplió bajo la ley de los nervios. Regresó a la máxima categoría después de una campaña de 38 partidos. Ganó 20, empató 13 y perdió cinco. Hizo 66 goles, le marcaron 28.

Entonces el fútbol argentino volvió a ser el mismo. Recuperó el superclásico contra Boca Juniors y revalidó la pasión que moviliza esa camiseta roja y blanca. “Volver a vivir”, saludó la prensa local que destacó su temple. River se reconoció como un equipo más solidario.

De nuevo en primera en 2012 alternó buenas y malas. Almeyda se fue a los seis meses. Llegó Ramón Díaz que salió airoso de los momentos turbulentos con el escudo protector que le dio el ser uno de los técnicos más ganadores. En junio de 2013 terminó segundo del torneo que conquistó Newell’s Old Boys, pero seis meses más tarde despidió el año en el puesto 17. Desactivó las alarmas del miedo con el título local. Una conquista acorde con su historia y el fútbol que lo representa: 37 puntos (cinco de ventaja sobre el segundo, Boca) con 11 triunfos, cuatro empates y cuatro derrotas.

Ramón también se marchó. Asumió Marcelo Gallardo campeón como jugador de la Libertadores de 1996. Extendió el dominio de River al continente. Ganó la Copa Sudamericana. Anticipó su favoritismo para esta Copa en la que empezó mal. Para las siguientes fases refundó al equipo que creció con Johnatan Maidana en defensa, con Matías Kranevitter en el rol del mejor Javier Mascherano y con Rodrigo Mora y Teo Gutiérrez afilados para definir.

Ya finalista, mantuvo la tradición de ganar las finales que disputa en casa. Venció 3-0 a Tigres en el Monumental. Levantó su tercera Copa Libertadores. Lo reclamaba su historia y cumplió. River es de hierro.