River finalista en Libertadores: coincidencias, lágrimas y títulos

Copa Libertadores

River finalista en Libertadores: coincidencias, lágrimas y títulos

River finalista en Libertadores: coincidencias, lágrimas y títulos

JORGE ADORNO

REUTERS

19 años después el equipo argentino jugará la final del torneo ante Tigres. Una serie que trae de regreso muchas similitudes y reactiva el despecho del América de Cali.

Bogotá

River Plate tiene una historia particular con los partidos que definen al campeón de la Copa Libertadores. El regreso de un grande a esa instancia siempre hace ruido. Y el ruido alborota los recuerdos. De los recuerdos a las coincidencias, hay apenas un paso. Y en esta historia, abundan.

La serie 6

Las hasta ahora cuatro finales disputadas las jugó en año terminado en 6. 1966, 1976, 1986 y 1996. De esas ediciones, vale la pena repasar anécdotas que hacen parte de la historia internacional del club. Por ejemplo, de la primera que disputó en 1966 contra Peñarol, ronda el mito sobre el apodo que acompaña e identifica a River: “gallinas”.

La historia desmentida por protagonistas pero sostenida por el rumor popular, señala que con el partido 2-0 a favor el arquero Amadeo Carrizo paró una pelota con el pecho. Una actitud que molestó a los uruguayos que ofendidos por el gesto, se desquitaron con una remontada 4-2 que le dio el título a Peñarol. En términos argentinos, perder así se califica llama “gallineada”. Cada vez que puede, Carrizo ofrece otra versión sobre lo que pasó. En 2012, lo reiteró en El Gráfico:

- ¿Se sintió un poco más responsable por la paradita de pecho?

“Fue algo rápido, me pateó un tipo desde 4 metros, un balazo que me vino directo al pecho. No fue compadreada, hice lo que me pareció más seguro y enseguida la agarré. ¡Dicen que los de Peñarol se enojaron y por eso nos ganaron! Es cuento viejo. Ellos encontraron el partido después”.

A su regreso a Buenos Aires con las manos vacías, debían jugar con Banfield por el torneo local. A manera de burla, los hinchas rivales lanzaron a la cancha una gallina con cinta roja atravesada cuando los jugadores de River salieron a jugar. Desde entonces, el apodo hace parte de la identidad del equipo. Tanto que para la celebración del título Metropolitano de 1975, dos símbolos de club, como Norberto “Beto” Alonso y Roberto Perfumo posaron para una producción de la revista con dos de las aves en sus manos.

En 1976 jugó la segunda final que perdió con Cruzeiro. Una amargura futbolística que apenas dolió pues venía de un padecimiento que se extendió por 18 años. Fue justo en ese Metropolitano del 75 que volvió a gritar campeón en un partido que aún genera polémica porque lo jugaron los juveniles.

En 1986 y 1996, ganó sus dos Copas. Una diferencia de diez años ante el mismo rival. Le ganó al América de Cali, otro de los equipos despechado con la Libertadores.

El factor América de Cali

La primera cita fue en 1986. América de Cali dominaba a su antojo en nuestro fútbol y con jugadores como Julio César Falcioni, Roberto Cabañas, Ricardo Gareca y Carlos Ischia, buscaba su revancha en la Copa. River también contaba con un equipazo, incluidos a los campeones mundiales Nery Pumpido, Oscar Ruggeri y Américo Gallego.

Un duelo de ese nivel, se resolvió con los goles de Juan Gilberto Funes que hizo uno en la victoria 2-1 en Cali y el otro en el 1-0 en el Monumental.

"Ese River era muy superior, tenía jugadores con mucha experiencia, de renombre, como Pumpido, Gallego, Gutiérrez, Gordillo, Alonso, Montenegro y una delantera buenísima, con Funes, Alfaro y Alzamendi. Nos ganaron ambos partidos con goles de Funes”, recuerda desde Cali, Alex Escobar mediocampista americano que participó de las finales del 86 y 96.

Para el partido de vuelta en el estadio de Núñez, donde cerrará River este 2015, Escobar revive el clima con el que se jugaban esas instancias.

“En el 86, cuando fuimos al reconocimiento de la cancha, el médico Ochoa Uribe había ordenado que nadie podía entrar a vernos; cuando íbamos saliendo del estadio, nos aparecieron cerca de 50 grandulones, para golpearnos. Tuvimos que subirnos al bus corriendo pero a algunos de nuestros jugadores lo alcanzaron a agredir, además, nos amenazaron con que iban a incendiarnos el bus, fue traumático.

Cuando salimos al calentamiento, Carlos Ischia tenía la camiseta de Boca Juniors debajo de la del América, y se las mostró a los hinchas de River. Éramos un gran equipo, pero River era muy superior”.

Fue la primera Libertadores riverplatense.

La segunda aterrizó en 1996, otra vez con los escarlatas frente a frente, que alineaban a Oscar Córdoba, Jorge Bermúdez, Frankie Oviedo, Alfredo Berti y a los talentoso Alex Escobar y Anthony De Ávila (presentes también en 1986).

River cayó 1-0 en el Pascual Guerrero (James Cardona falló un penal) pero se coronó en Buenos Aires. Esa noche de invierno, en medio de un campo de juego tapizado por los papelitos lanzado desde la tribuna, un doblete de Hernán Crespo le aseguró el título.

Alex, capitán de ese equipo, dice que esa final “fue más equilibrada, pero en Argentina, cometimos errores individuales que nos perjudicaron. Ellos tenían a Francescoli, Ortega, Gallardo, Crespo, Almeyda, Burgos, Ayala. Pero nosotros jugábamos muy bien al fútbol y siempre salíamos a ganar.

Nos metieron un árbitro uruguayo. Ellos como estrategia, decidieron atacar durante el primer tiempo en el arco donde estaban los papeles picados, porque perdí el sorteo con la moneda. Les pedimos al árbitro y al comisario de campo que nos quitaran los papeles y no hicieron caso, así llegó el primer gol, tras un centro de Ortega para Crespo, que se le pasó a Carlos Asprilla, Bermúdez y Córdoba, no pudieron ver el balón”.

La tapa de Olé de Argentina registró el triunfo con el capitán Enzo Francescoli abrazado al trofeo y la frase: “La banda de América”. En Colombia, la prensa graficó la derrota americana con un “Y duele, rojo duele”.

 El que no salta, no va a Japón

El paso de Tigres a la final clasificó automáticamente a River Plate al Mundial de Clubes que regresa a Japón, la tradicional sede de la Copa Intercontinental. Antes de que la FIFA cambiara la modalidad del certamen en 2005, el país nipón era el destino final con el que soñaba todo hincha de un equipo sudamericano para medirse con los europeos. De ahí el cantito de tribuna, “el que no salta, no va a Japón”.

La historia de los argentinos en suelo oriental tiene una victoria y una derrota. En el 86 venció 1-0 al Steaua de Bucarest, mientras que en 1996 perdió con la Juventus que lideraba Zinedine Zidane.

En 2015 comparte cartel con Barcelona y América de México, entre otros.

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