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Once Caldas y Junior mostraron educación en la ceremonia preliminar, atendieron el Himno Nacional correctamente, saludaron a los jueces y no jugaron. Así fue el asunto en Manizales que concluyó con empate a un gol. Muchas interrupciones por faltas y otras por simulaciones y un juez, que pintaba para ser mucho mejor de lo ofrecido esta vez. Quedó con el vicio de mostrar tarjetas por todo, la primera a los 30 segundos y de ahí un enredo expulsando al técnico del Once Caldas y al ingenuo defensa de los Blancos, que le dio al Junior la ocasión de salvar un punto.

El único jugador, como ocurría ya el año pasado fue Johan Arango, quien marco diferencia. Cada que recibió el balón lo quiso aprovechar y así consiguió un golazo en media distancia. Después del uno a uno, con un jugador menos el Once prefirió quedarse en su campo y le cedió la iniciativa al Junior, que fue mucho más con el aporte de Jarlan Barrera, mucho más eficiente que Ortega en su plan de organizar e intentar con remates desde fuera del área. Además el ingreso de Tolosa vigorizó las llegadas de Junior. Mientras estuvieron once contra once jugadores, el partido estuvo inclinado para el manizaleño.

O los técnicos tienen razón o los árbitros son infalibles. A Torrente que se "calentó" al estilo del Pecoso Castro lo expulsaron por protestar decisiones equivocadas de Sánchez, según él. El juez se puso nervioso y después del juego seguramente efectuará un examen de conciencia.

Ni los equipos jugaron al futbol como tal y la sola adición de seis minutos, serviría para calificar lo que fue el choque. Y si a eso le agregamos el trabajo del árbitro Sánchez, es fácil concluir que o no quisieron o no pudieron jugar. Así de sencillo.

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