Ídolos

Maradona con Argentina, Simeone con Atlético de Madrid, Pippo Inzaghi con Milan, Dunga con Brasil, Pep Guardiola con Barcelona, Gallardo con River Plate. La apuesta por un ídolo como técnico es desde hace tiempo la fórmula de muchos equipos cuando las cosas no marchan bien o escasean las opciones. La premisa es simple: ¿Quién si no un referente para motivar a la hinchada y a los jugadores?
Hay algo de valentía y en algunos casos de irresponsabilidad tanto de los directivos como de los técnicos. Haber sido protagonista en la cancha y levantado copas como jugador no es garantía de éxito como estratega. Como en cualquier trabajo, en el fútbol los resultados no se consiguen solo con carisma, al talento hay que sumarle preparación, experiencia... horas de vuelo.
Si no es así, la ilusión dura poco. Una vez el ídolo se baja del pedestal vuelve a ser uno más. No se pone el riesgo el recuerdo, pero si el futuro. Que lo diga Ricardo Lunari, quien con el 5-1 ante Cali, puso al límite la poca paciencia de los hinchas de Millonarios. Muchos consideran que una derrota así debe ser castigada con el despido, pero hasta hace dos fechas todo era diferente. Fútbol frenético.
Los números le dan la espalda a Lunari, pero en tiempos de Google, la hoja de vida del argentino como DT estaba a un clic. Guabirá, Santiago Morning, Deportes Valdivia y un interinato en Newell's Old Boys no prometían, pero los directivos –equivocados o no- y la tribuna –equivocada o no- lo ovacionó y se ilusionó.
Lo cierto es que la historia entre el argentino y el equipo azul es particular. Se hizo ídolo solo con seis meses en el club. Los hinchas recuerdan la chilena a Higuita en El Campín, pero coincidencialmente uno de los primeros partidos que marcó el idilio entre los fanáticos de Millonarios y Lunari fue ante Cali el 7 de abril de 1996.
Noticias relacionadas
Lunari llevaba poco más de dos meses con la camiseta azul y esa mañana marcó uno de los goles en la victoria 3-2. Al frente, "El Pecoso" Castro como DT y Miguel Calero en el arco de un Cali que fechas después sería campeón. El volante, con el 7 en la espalda, corrió con la mano en alto a dedicárselo a los seguidores. Una celebración que se volvió costumbre, siempre en la malla, siempre con los hinchas.
19 años después, “El Pecoso” tuvo una revancha que probablemente nunca buscó. Lunari tiene dos partidos pendientes y un rival chico en frente que le puede permitir sumar puntos y retomar confianza. Eso sí, tendrá que recordar quitarse el traje de ídolo y ponerse el de DT. Ese es el que da resultados.