¿Llegó Pablo Escobar a ser candidato presidencial en Colombia? El mito de la carrera política del narcotraficante colombiano
Estas eran las presuntas aspiraciones políticas del capo colombiano, quien logró una curul en el Congreso de la República.


La historia de Pablo Escobar no solo estuvo marcada por el narcotráfico y la violencia que sacudió a Colombia durante las décadas de 1980 y 1990. Antes de convertirse en el hombre más buscado del país, el fundador del Cartel de Medellín intentó abrirse camino en la política nacional e incluso soñó con llegar a la Presidencia de la República. Su paso por el Congreso y sus estrategias para ganar respaldo popular dejaron una huella oscura en la historia política colombiana.
A comienzos de los años ochenta, Escobar era reconocido en Medellín como un hombre de enorme poder económico. Aunque gran parte de su fortuna provenía del narcotráfico, todavía no existía la dimensión pública sobre sus actividades ilegales. Aprovechando esa fachada de empresario exitoso y benefactor social, empezó a acercarse a sectores políticos de Antioquia con la intención de construir una carrera pública.
Su estrategia consistió en financiar obras en barrios populares y presentarse como un líder cercano a las comunidades vulnerables. Programas como “Medellín sin tugurios” y “Civismo en marcha” le permitieron ganar reconocimiento entre habitantes de sectores marginados. Escobar inauguraba canchas deportivas, entregaba viviendas y patrocinaba actividades sociales, lo que alimentó la imagen de un supuesto “Robin Hood paisa”.
Ese respaldo social le abrió las puertas de la política tradicional. En 1982 llegó al Congreso como suplente de Jairo Ortega Ramírez, representante a la Cámara por Antioquia vinculado al Movimiento de Renovación Liberal. La alianza política también tuvo cercanía con Alberto Santofimio Botero, una de las figuras liberales más influyentes de la época. Gracias a esa relación, Escobar logró entrar a los círculos del poder nacional.

¿Pablo Escobar llegaría a la Presidencia de Colombia?
Aparentemente, el narcotraficante recorría los pasillos del Capitolio buscando consolidar una imagen de dirigente político. Incluso participó en delegaciones internacionales en representación de Colombia. De hecho, Escobar viajó a España para asistir a la posesión del entonces presidente español, Felipe González, acto que evidenció el nivel de legitimidad política que había alcanzado temporalmente.
Sin embargo, detrás de esa imagen pública existían múltiples denuncias sobre sus vínculos con el narcotráfico. El primero en enfrentarlo abiertamente fue Luis Carlos Galán, líder del Nuevo Liberalismo, quien decidió apartar a Escobar y a sus aliados del movimiento político tras recibir información sobre el origen ilícito de su fortuna. Esa ruptura marcó el inicio de una enemistad histórica entre Galán y el capo del Cartel de Medellín.
La situación se agravó cuando el entonces ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, denunció públicamente en el Congreso las actividades criminales de Escobar. Lara aseguró que existían investigaciones internacionales que vinculaban al congresista suplente con el narcotráfico y recordó antecedentes judiciales que eran conocidos por agencias estadounidenses como la DEA.
Las acusaciones provocaron un escándalo político nacional. Poco después, las autoridades de Estados Unidos le cancelaron la visa a Escobar y comenzaron a identificarlo como narcotraficante. El episodio terminó destruyendo sus aspiraciones políticas y debilitando la legitimidad que había construido en Antioquia.
Aunque su permanencia en el Congreso fue corta, distintas versiones aseguran que Escobar soñaba con llegar aún más lejos. De acuerdo con testimonios recopilados años después, el capo pretendía convertirse en presidente de Colombia y veía su paso por la Cámara de Representantes como el inicio de una carrera hacia la Casa de Nariño.
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Sin embargo, el 20 de enero de 1984 anunció oficialmente su retiro de la política tras la presión pública y judicial. Pero el enfrentamiento con el Estado apenas comenzaba. Meses después ordenó el asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, crimen que marcó el inicio de una de las etapas más violentas en la historia reciente del país.
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