Las elecciones presidenciales de Colombia en 1990: una campaña presidencial marcada por los asesinatos


Las elecciones presidenciales de Colombia de 1990 quedaron registradas como una de las campañas más violentas y traumáticas en la historia política del país. En menos de un año, tres candidatos presidenciales fueron asesinados en medio de una ola de violencia impulsada por el narcotráfico, el paramilitarismo y el conflicto armado que golpeaba a Colombia a finales de los años 80.
La contienda electoral culminó el 27 de mayo de 1990 con la victoria de César Gaviria, pero el camino hacia las urnas estuvo marcado por magnicidios, atentados terroristas y un ambiente de miedo que transformó la política colombiana.
El primero de los asesinatos ocurrió el 18 de agosto de 1989 con la muerte de Luis Carlos Galán, quien era considerado el favorito para ganar las elecciones. El líder liberal fue atacado durante un acto público en Soacha, en un crimen que años después fue relacionado con estructuras del narcotráfico y sectores políticos aliados con el Cartel de Medellín.
Galán se había convertido en uno de los principales opositores de los carteles de la droga y defendía la extradición de narcotraficantes hacia Estados Unidos. Su discurso contra la corrupción y el crimen organizado lo convirtió en una figura de enorme respaldo ciudadano, pero también en objetivo de quienes buscaban frenar el avance de las políticas contra el narcotráfico.
Tras su asesinato, el liberalismo eligió a César Gaviria como heredero político del galanismo y candidato presidencial. Gaviria debió continuar la campaña en medio de amenazas constantes y atentados terroristas. Incluso, el entonces candidato evitó abordar el vuelo de Avianca que explotó en 1989 debido a un plan criminal que buscaba asesinarlo.

Esa fue una de las épocas electorales más peligrosas de Colombia
La violencia no terminó allí. El 22 de marzo de 1990 fue asesinado Bernardo Jaramillo Ossa, candidato de la Unión Patriótica. El crimen ocurrió en el aeropuerto El Dorado de Bogotá cuando un sicario le disparó antes de abordar un vuelo.
Jaramillo intentaba distanciarse de la violencia armada y buscaba consolidar una propuesta democrática desde la izquierda. Sin embargo, su asesinato se sumó a la persecución que sufrió la Unión Patriótica, movimiento político que perdió miles de militantes y dirigentes en medio de una campaña de exterminio político durante esos años.
Apenas un mes después, el 26 de abril de 1990, fue asesinado Carlos Pizarro Leongómez, excomandante del M-19 y candidato de la recién creada Alianza Democrática M-19. Pizarro había dejado las armas tras un acuerdo de paz con el gobierno y buscaba convertir a su movimiento en una fuerza política legal.
El atentado ocurrió dentro de un avión que cubría la ruta entre Bogotá y Barranquilla. Un hombre armado se levantó de su asiento y disparó contra el candidato en pleno vuelo. La muerte de Pizarro generó conmoción nacional porque simbolizaba las dificultades de la transición de la guerra hacia la participación democrática.
La violencia electoral de 1990 no solo afectó a estos tres candidatos. Otros dirigentes políticos también sufrieron atentados y amenazas en medio de la ofensiva del narcotráfico contra el Estado colombiano, pues el país vivía entonces uno de los momentos más críticos de terrorismo y confrontación armada.
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Pese al ambiente de miedo, las elecciones se realizaron el 27 de mayo de 1990. César Gaviria obtuvo la presidencia con el respaldo del Partido Liberal y con gran parte del electorado identificado con las banderas de Luis Carlos Galán. Detrás de Gaviria quedaron Álvaro Gómez Hurtado, del Movimiento de Salvación Nacional, y Antonio Navarro Wolff, quien asumió la candidatura del M-19 tras el asesinato de Pizarro.
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