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Fabián Sambueza: “No me quería ir de Santa Fe, el técnico no contó conmigo”

El 26 de agosto de 2016 se hizo oficial el vínculo del argentino con el Cali, primer equipo en el que jugó en el país. Casi 10 años después siente sus raíces muy apegadas a Colombia.

Fabián Sambueza con 36 años asegura que la clave para mantenerse vigente es la concentración invisible y el apego a su familia. Con casi una década en el FPC donde ha conseguido tres títulos (dos con Junior y uno con Bucaramanga), ha logrado dejar huella en cada equipo que ha pasado y hoy revive su historia en el país, donde es considerado uno de los mejores extranjeros que ha jugado aquí.

Con más de 300 partidos en el fútbol colombiano, Fabián Sambueza salió de Temperley de Argentina en 2016, sin pensar que iba a venir a Colombia a quedarse por mucho tiempo y escribir una historia a punta de talento.

La calidez de la gente en Colombia

El santandereano: “En realidad mucha gente dice lo mismo, pero lo que pasa es que no han ido a Argentina, me parece que somos peores. La gente mal hablada y poco amigable, la gente acá en Colombia por lo general es amorosa, amigable. El acento es marcado, pero la gente es muy cariñosa”

En Colombia se habla el mejor español: “Nosotros se nos han pegado algunas palabras que son distintas a nuestro país y tratamos de implementarlas en nuestra vida. Soy de un pueblo y mi familia es también muy cariñosa, amable, sincera. Entonces ya lo tenía incorporado, aquí en Colombia son más respetuosos a la hora de hablar. Aquí en Colombia creo que es de los países que mejor se habla el español, entonces se nos ha pegado el pedir el favor, ser más amables y amenos con la gente. En Argentina somos muy bruscos, hasta nos choca cuando vamos, acá es más educado”.

De pequeño tenía camisetas de Colombia

Aficionado a la Selección Colombia: “Mi vida con el fútbol fue algo turbulenta tomé algunas decisiones que no eran las correctas cuando era joven y dejé un poco el fútbol, me alejé en una edad que era clave para debutar, pero nunca me imaginé. Desde chico, siempre hablando con mi madre, mi papá trabajaba un poco más y ella estaba más en casa, siempre me gustó el equipo de Colombia, el del 98 de Valderrama, toda esa etapa donde yo tenía 10 años o un poco menos. Siempre dije que me gustaba Colombia, tenía camisetas de Colombia cuando era chiquito, por eso he sido un convencido de que la vida y las palabras tienen mucho poder y la vida me trajo a Colombia y mi hijo es colombiano”.

Deportivo Cali, su primer equipo en Colombia

Presionó para llegar al Cali: “Mi llegada al Cali fue un poco extraña, estaba en Temperley y llevaba año y medio haciéndolo muy bien. Había algunas ofertas de clubes argentinos que al final no se dieron porque Temperley estaba pidiendo mucho dinero y justo surgió esta propuesta del Deportivo Cali y me tocó ir a hablar con los directivos y decirles ‘Bueno, ya dejaron pasar muchas oportunidades, yo necesito irme, crecer’, el Cali jugaba Copa Libertadores y eso para mí era importante, fui a pelear con los directivos de Cali para que me dejen venir y cuando llegué me di cuenta que realmente era un equipo grande con la sede que tenían, con los servicios que nos brindaban y me enamoré del club.

Cariño especial por el Cali: “El Cali me encanta, a pesar de que fue mi primer equipo en Colombia es uno que tiene todo, por eso el año pasado que estuvo peleando el descenso estuve haciéndole fuerza para que gane, tengo mucha comunicación con el médico y algunos directivos. Mi llegada al Cali fue muy buena y ustedes los colombianos son muy amables y eso es muy fácil para adaptarse”.

El Pecoso, un técnico que siempre lo respaldó

¿Qué tiene de especial el Pecoso? “Me enseñó muchísimo, me bancó, me dio la oportunidad de demostrar lo que yo podía dar por el equipo, es una persona que quiero más allá del fútbol. De vez en cuando a través del hijo le mando algún mensaje. Tengo algunas anécdotas con él, algunas que son poco contables para no armar polémica, pero me di cuenta que es una persona con muchos valores y nadie le puede doblar sus decisiones. Siempre muy correcto conmigo y traté siempre de respaldarlo e hicimos una linda dupla y amistad en el Cali”.

Anécdota con el Pecoso: “Una de las que me marcó fue que cuando llegué al Cali, si me ves a mí, mi físico no es como el típico de un futbolista colombiano, ustedes tienen una fisionomía distinta. El preparador físico no creía mucho en mí y él le dijo ‘Yo lo traje, la decisión es mía y yo tomo las decisiones acá, el jugador se va a quedar’. Yo era refuerzo y era extranjero, entonces no había más cupos de extranjero, entonces le decía que no fuera a dañar el cupo de extranjero conmigo. Así que me bancó y a mí luego me tocó responderle en la cancha. Yo jugaba con dolores, lesionado, como venía tenía que jugar”.

Familia futbolera y el sueño frustrado de jugar con su hermano

Pocas oportunidades: “Nosotros somos de un pueblo muy lejos de Buenos Aires, mi padre lo vi jugar de grande, mis tíos también y la verdad que eran muy buenos. En ese momento mi abuelo no veía el fútbol como una posibilidad de salir adelante, para él era un hobby y los mandó a trabajar, en ese momento la mentalidad de mi abuelo era de un señor del campo y mi padre no pudo llegar a ser profesional”.

Jugar con su hermano Rubens: “Fue un sueño que tuvimos toda la vida, hubo muchas oportunidades de yo ir a México, pero por algún u otro tema, a veces económico no tomaba la decisión porque tampoco sentía que podía irme de los lugares en los que yo estaba así porque sí. Rubens se retiró y nos quedamos con la espinita de jugar juntos. Ahora hizo toda su formación de técnico, hizo algunas cosas de gerencia deportiva, ahora se va a ir a trabajar a Morelia de presidente deportivo y vamos a seguirlo también”.

Fanático de Riquelme y el buen fútbol

Apasionado por el buen fútbol: “En mi casa son todos fanáticos de River, mi hermano jugó ahí también, tuvo la suerte de compartir con Ariel (Ortega). Yo soy amante del buen fútbol, si bien siempre simpaticé por River, a mí Riquelme me parece un jugador extraordinario, a Bochini no lo vi, pero uno ve videos. Él, el Beto Alonso, Pablo Aimar, el Mago Capria en Racing, jugadores que marcaban mucha diferencia e iban un poquito más rápido que los demás”.

La mentalidad del argentino y el colombiano

La mentalidad, lo más importante: “Soy un convencido y llevo muchos años en Colombia y he visto jugadores muy buenos. He visto jugadores muy malos en Argentina que han llegado a equipos grandes. Para mí, estar preparado mentalmente es lo más importante en este deporte o en cualquier deporte que uno aspire a ganar. Uno se pone a pensar, que uno tiene que estar preparado mentalmente y saber dónde se va a meter. Tengo un niño de 6 años que le encanta el fútbol y en algún momento me tocará decirle, el fútbol es muy injusto y te va a tocar luchar, ¿estás preparado para luchar? Si me dice que sí, le va a tocar prepararse mentalmente. Nosotros los argentinos podemos ir perdiendo 3.0 en 90 minutos y podemos seguir corriendo como si fuéramos a empatar el partido, pero en realidad es todo mental”.

Hay que cambiar la mentalidad en Colombia: “Acá en Colombia tienen mucho talento, la Selección ha mejorado muchísimo, los jugadores que ya están en Europa tienen otra mentalidad, vienen con mentalidad ganadora y que no son el Colombia que participa, sino el que quiere ser protagonista. Lo mismo tenemos que lograr los jugadores que estamos en la liga local para que el fútbol empiece a crecer a través nuestro y también necesitamos algo de los directivos que sea un poco mejor, porque también hay mucha falencia”.

La jugada de Cuesta en la final de la Copa América

Hay que decidir y hacerse cargo: “Son segundos que uno tiene que reaccionar y tomar una decisión. Tal vez la decisión o pensamiento de él era ‘si hacía falta me iban a expulsar y dejaba al equipo con uno menos’, si, pero dejabas al equipo con uno menos, pero no le hacían el gol e iban a penales y tal vez salían campeones. Son decisiones que uno debe tomar, como le pasó a Suárez en el Mundial que la tapó con la mano y después del rival erró el penal, pero son picardías rápidas que a uno le toca decidir y hacerse cargo. Acá en Colombia veo que atacan demasiado a los futbolistas, se equivocan y los atacan y hay otra facción del periodismo que se queda en la mediocridad y dice ‘bueno, pero llegamos a la final’. No hay uno que hable y diga ‘llegamos a la final, pero nos faltó esto y hay que mejorar esto’, pero con una opinión educada y que sea acorde a exigir un poco más de competencia”.

Comparación con la Superliga: “A mí mucha gente me mandó mensajes me decían, perdimos la final de la Superliga, pero con las botas puestas. Si, pero al final perdimos, a mí no me sirve perder ni con las botas, ni sin las botas, yo quiero ganar no más. Eso es lo que hay que cambiar en la mentalidad de los chicos, de los jóvenes. Como le digo a mi hijo, con el casi no hacemos nada”.

Perder la Superliga con Nacional

Frustración por perder: “La verdad me dolió, me molestó, me sentí frustrado, porque el partido no era lo mismo con 11 que con 10. Cuando tuvimos 11 acá en Bucaramanga teníamos las opciones más claras, teníamos la pelota. Nacional estaba más resguardado esperando que era lo que proponíamos. Me dolió, pero son cosas que pasan, en mi opinión el árbitro podía haber manejado mejor la expulsión de Aldair, sabiendo que hubo otras jugadas que fueron bastante bruscas y no pasó nada. Al final hoy no podemos hacer nada, aceptar la realidad y seguir trabajando y luchando para mejorar, que de hecho no hemos podido salir de ese pozo”.

El arbitraje en Colombia

Son mejores los árbitros que le dan dinámica al juego: “No, para mí, el arbitraje no es malo, tampoco el mejor. Veo también mucho de la liga argentina allá a veces se cometen errores gigantescos que dices ‘cómo puede ser’. Al final los árbitros son seres humanos y se pueden equivocar, lo que pasa es que a uno como jugador es nuestro trabajo. Perder un partido o un título significa muchas cosas que para ellos no, queda en un error. Creo que acá hay buenos árbitros, que entienden la dinámica, que nosotros muchas veces vamos a mil y el jugador como cualquiera en la vida, la tocaste, se fue afuera y dices que es saque para ti, porque la competencia hace que actúes de esa manera”.

No hay malos árbitros en Colombia: “Si un árbitro entiende que vamos a mil y te dice ‘dale Chino, si vi que te tocó a vos’. A mí no quedan argumentos, me toca pedirle disculpas y termina ahí. Pero hay otros que quieren ser prepotentes, que le hablan mal al jugador y está a mil revoluciones, está fastidiado porque no le sale algo, se fastidia con el árbitro y la hinchada. El árbitro encima mete la puya, llega un momento que no es. La comunicación es fundamental, como pasó con la expulsión, lo que pasa es que podía controlar la pelota, me dijeron del VAR. Si te dijeron eso que voy a hacer, después yo la veo afuera y digo que tal vez le hubiera podido dar manejo, el jugador iba saliendo, no iba en dirección del arco. Al final no es mi trabajo analizarlo, solo opino, pero creo que dentro de todo el arbitraje es bueno, a pesar de los errores, no hay árbitros que sean malos”.

Fútbol, mejor sin el VAR: “Me quedo con el fútbol sin VAR, porque siento que ahí el árbitro era el protagonista. Por eso nos gusta a ciertos jugadores los árbitros que toman la decisión y no se apresuran, son calmados, después que a menos el VAR los llame y que la falta fue afuera o pasé algo, que ellos levanten la mano y digan que la falta fue afuera y se equivocaron. Pero a veces el VAR los llama por bobaditas, que uno pide ritmo de juego y se quedan a esperar a lo que diga el VAR para tomar una decisión. Por eso me gusta el otro, el que decía ‘Yo vi esto’, allá es el árbitro y qué vamos a hacer”.

Wilmar Roldán: “Wilmar es un tipo que habla y te dice ‘Chino, dale que no pasó nada’, que no me va a cobrar algo que no fue. Me paro y arranco, tiene razón. A veces no hace falta que hable”.

Junior de Barranquilla, etapa buena y mala

Su paso por Junior: “Las dos fueron importantes, la primera salimos campeones tres veces seguidas y la segunda en una clasificamos, hicimos un punto y en la otra creo que no clasificamos. Entonces tuve los dos contrastes, la de Junior buena y la mala. Vivir esas experiencias también es bueno porque cuando fuimos campeones a dónde íbamos estaba la alfombra roja, entrábamos y éramos actores de Hollywood”.

En la mala también se aprende: “La otra parte nos hizo caer en la realidad de esforzarnos de que hay que ser resilientes, luchar. Pero la verdad que las dos fueron importantes para mi carrera también, en la mala aprendí a convivir mucho con la crítica que es muy importante, aprendí a vivir con eso. No pude jugar la final de la Sudamericana porque había jugado con el Cali”.

El equipo de 2018: “En 2018 había buenos jugadores, Julio había armado un muy buen grupo, la pelota fluía, el juego fluía solo. Muchas veces me tocó estar en el banco y uno estaba relajado porque sabía que todo estaba en orden y no había ninguna preocupación. Ese equipo jugaba muy bien”.

Comesaña como técnico: “Julio es muy sincero, no le interesa los nombres. Va diciendo las cosas a quien se las tenga que decir y eso marca a los jugadores y ayuda a que nadie se relaje. Me parece un gran entrenador con una mentalidad tranquila y que toma buenas decisiones”.

Encajar en el Junior: “A mí me ayudó porque yo pegué buena onda, somos amigos con Viera, estaba Sebastián Hernández también, muy buena persona, nos juntamos con Marlon Piedrahita y me incluyeron rápido al grupo. Después estaban los muchachos de la Costa, que también no éramos amigos, pero como en todos los grupos uno tiene más afinidad con unos que otros y el fútbol fluía mejor y a mí me gusta jugar fútbol y nosotros teníamos la pelota”.

Santa Fe, del amor al reclamo

¿Cómo se dio la llegada? “Creo que con Santa Fe hubo una conexión importante, porque cuando yo estaba en Junior, Julio me dijo que venían otros extranjeros y que no le gustaba tener tantos. Al final le agradecí por haberme dicho y yo ya tenía otro equipo que me estaba buscando que en ese momento era Santa Fe y yo le di mi palabra al presidente de que yo iba a ir. Después Junior se arrepintió y dijo que querían renovar mi contrato, pero yo no di el brazo a torcer y me fui a Santa Fe, no tenía nada firmado, pero había dado mi palabra”.

El apoyo del hincha lo motivó: “Cuando llegué el equipo estaba mal, estaba mirando la zona de descenso y me gustó un día que estábamos en una concentración que fue toda la barra y nos dijeron ‘si a ustedes las cosas le salen mal, a nosotros nos va mal, porque somos los hinchas. Entonces tenemos que unirnos’, nos juntamos y el equipo empezó a fluir. Después el nivel personal de cada uno se iba marcando en el corazón de cada hincha y la verdad que la gente me agarró un cariño especial. Que después creo que se perdió cuando me fui a Junior y ahora lo que pasó con esta final y hay cosas que la gente no sabe y uno tampoco puede decir siempre la verdad, porque a veces es mejor guardarse algunas cosas y bancarse las puteadas de la gente. Pero en realidad hay muchas cosas que la gente no sabe, los que me insultan cada vez que voy a El Campín, de todas maneras, estoy agradecido con la hinchada y la gente que me ha respetado siempre”.

Críticas por perder la final de 2020: “La gente de Santa Fe o escucho o alguien me dice que no jugué bien en la final contra América, pero la verdad hice un gol e hice una asistencia. Después que me quedé sin gasolina, era normal, no podía correr más, ya habíamos corrido y no nos alcanzó, pero bueno la gente siempre tiene algo para criticar. Ustedes acá en Colombia se tiran mucho entre ustedes y es algo que los argentinos, yo me puedo estar matando con mi compañero porque lo odio con todo mi corazón, pero nadie se entera porque lo voy a defender a muerte. Ustedes no, se tiran al agua, eso también es una de las diferencias que nosotros marcamos”.

Se planteó mal esa final: “América en el segundo tiempo creo que no atacó ni una vez, pero nosotros ya cansados, con un poco menos de ideas, empezamos a rotar la pelota y tirar muchos centros y ellos pusieron centrales porque sabían que iba a pasar eso. Entonces las rechazaban y se defendieron todo el segundo tiempo, fuimos muy superiores. Creo que el error fue no haber jugado la final de visitantes como la teníamos que jugar, ir a buscar un buen resultado, hasta un 1-0 era un buen resultado para nosotros, porque sabíamos que en Bogotá lo podíamos ganar. Pero con errores puntuales, se nos escapó y nos hicieron tres goles en Cali”.

La historia del lote que le regalaron: “Fabián Torres, un hincha que apareció de la nada y dijo que me quería regalar un lote entre Miami y Orlando, que se quería reunir conmigo. No le presté atención, después nos conocimos y le dije, ‘Te agradezco de todo corazón, el club no me ha hecho oferta para quedarme, entonces lo más probable es que yo salga del equipo’ porque tenía la opción de volver a Junior, del que no me quería ir, sino que fue un mal entendido. Entonces le dije, ‘Te agradezco, gracias por tu aporte, por querer al equipo’, pero insistió y al fin le dije ‘la decisión es tuya’, al final firmé papeles, luego le compré algunas cosas a él porque tiene una inmobiliaria, nos hicimos amigos, charlamos, comemos asado. Le digo ‘me cagan a puteadas por tu culpa, que devuelva el lote’. Es raro, nosotros no estamos preparados para eso, en otro país te regalan un reloj o una camiseta, pero nunca me había pasado, no será que este loco me va a meter en problemas, yo por no despreciar su gesto, pero el abogado del club me dijo que era una buena persona y aceptamos el lote. Ni lo conozco, no he ido todavía, así que en cualquier momento vamos a ir a ver qué tal”.

Una oferta de Millonarios que rechazó: “Porque me comunicó el presidente que el técnico no me iba a tener en cuenta, entonces no había nada más que hacer. Nunca me dieron ninguna razón, de hecho, yo había vuelto a Santa Fe con muchas otras ofertas, una de ellas de Millonarios que rechacé y ellos salieron campeones en el primer semestre y yo no fui. Decidí ir a Santa Fe porque había tenido conexión con la hinchada y la gente. Por eso digo que el fútbol es muy injusto, porque siempre hay dos o tres jugadores que cuando las cosas no van bien, la gente apunta a ellos, siempre son los más grandecitos y en este caso me tocó a mí. No hay problema, acepté y salí del club”.

Bucaramanga, su lugar en el mundo

¿Qué lo motivó a llegar al Bucaramanga? “Porque cada vez que venía a jugar a esta ciudad, me gustaba. Veía una ciudad linda, nos tocó venir con Junior a entrenar a Ruitoque a entrenar y recorrimos un poco más y me gustaba. En Argentina somos de un lugar donde hay montaña y nos encanta, la ciudad nos gustaba, le comenté a mi esposa y aparte veía al equipo que se estaba armando, a muchos jugadores los conocía, al entrenador lo conocía, no había trabajado con él, pero lo conocía. Eran cositas que llamaban la atención y tomamos la decisión de venir”.

¿Cómo conseguir el título en un equipo como Bucaramanga? “La clave fue sentarnos todos, mirarnos, recordar lo que cada uno había hecho, lo que cada uno podía dar y decir que veníamos de una etapa mala. Yo venía de un año malo en Santa Fe, Freddy salió de Junior porque no tenía continuidad, Aldair Quintana, los muchachos que estaban acá querían crecer, pero les faltaba el empujón. Entonces fue aceptar que el pasado ya estaba y que nosotros podíamos dar muchísimo más y demostrarnos a nosotros que podíamos dar muchísimo más y que había que demostrarnos a nosotros mismos que podíamos sacar este equipo adelante y eso se dio”.

Rafael Dudamel: “Rafa es una persona humana, muy inteligente, una persona que sabe cuándo apretar y cuando no, por más que deba apretar, hay muchas veces que no lo hace porque siente que no es el momento y esas cosas son clave. Porque los futbolistas somos estado de ánimo y no sé cómo va cada uno de mis compañeros. Por eso les digo, ‘muchachos cuando uno no esté bien, levante la mano’. Uno no le va a exigir si no está con su cabeza donde tiene que estar y eso Rafa lo hace muy bien”.

La final contra Santa Fe: “Fue duro al principio porque para mí eran sensaciones encontradas que después la gente hizo que yo reaccionara. Yo fui tranquilo pensando ‘este es mi equipo, lo voy a defender a muerte a Bucaramanga, pero voy a ser lo más respetuoso con la gente’. Pero cuando llegué, toqué dos pelotas y la gente me puteó hasta más no poder. Dije, ‘no voy a defender a nadie, acá se perdió el respeto y voy a jugar como tengo que jugar’. Si, Eduardo se enojó que, porque no podía festejar el título a la gente de Santa Fe, pero en realidad no había solo gente de Santa Fe, estaba toda la tribuna de Bucaramanga donde yo estaba mirando. No es que yo miré a la gente de Santa Fe y festejé, no. Yo festejé con mi gente porque estaba mi familia también. Pero uno lo entiende desde el lado del enojo de las demás personas”.

¿Cómo recuperar el camino en Bucaramanga? “En mi caso, por lo que yo apenas llevo con el equipo dos partidos de Liga y lo que he visto es que la gente no logra todavía aceptar que hubo un cambio. Creo que de arranque debemos empezar por ahí, Rafa ya no está, Gustavo es distinto, trabaja de otra manera, se expresa de otra manera y no podemos compararlos, pero la gente los está comparando todo el tiempo y de arranque es un error. Le decía a mi esposa que sentía una energía negativa, más pesada. No sentí esa energía que sentí cuando íbamos al Montanini que la gente explotaba y todo el mundo ‘vamos, vamos’. Acá la gente distante, dispersa, impaciente es normal porque no hemos ganado, pero siento que falta ese empujó al técnico, el cambio está entonces hay que apoyar al técnico. Si el técnico se siente como en casa, se siente bien, que esta también es su ciudad, el equipo y la hinchada vamos a hacer que el equipo salga adelante. El partido pasado llegamos no sé cuántas veces y no podíamos hacer gol. Tal vez en otro momento llegábamos dos veces y hacíamos dos goles, el otro equipo llegaba 50 y no nos podían hacer gol. Ojalá la gente sepa interpretar, porque no es fácil lo que uno intenta transmitir. Necesitamos estar de la mano la hinchada, el técnico y todo el mundo y vamos para adelante”.

La vigencia de Fabián y su forma de vivir

Claves para mantenerse vigente: “Gracias a Dios estamos bien, la clave es el cuidado invisible, la concentración invisible es fundamental. A mí, mi hijo y mi esposa me traen mucha paz, no necesito nada más, entonces ellos también me tienen así”.

Vivir tranquilo: “De hecho hay veces que parezco antipático o antisocial, pero soy muy creyente de la buena energía, de la gente que entra a tu casa, de la gente con la que te relaciones. No le podemos abrir la puerta a todo el mundo. Soy muy selectivo con algunas cosas, no doy muchas entrevistas y no es que tenga problemas personales con los periodistas, mi hermana es periodista deportiva. Yo soy muy de estar acá, de mirar las plantas, de disfrutar con mi hijo, de jugar en el césped y esa es mi felicidad”.

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