Uribe cumplió su palabra
No nos confundamos: el uribismo se movilizó para votar por Abelardo de la Espriella. Esto implica que los seguidores de Uribe desempeñarán un papel crucial en la definición de la segunda vuelta.
He escuchado a diferentes analistas, periodistas y demás opinadores decir que el uribismo perdió. Están muy equivocados. Una cosa es que el expresidente Álvaro Uribe haya cumplido su palabra de apoyar a la candidata de su partido, como lo hizo desde el principio, recorriendo todo el país al lado de Paloma Valencia; pero otra cosa fue lo pensado por esas personas que siempre lo han apoyado, las cuales vieron en Abelardo una representación más fiel de lo que debería ser el uribismo.
Otros dicen que el uribismo le dio la espalda a Uribe; tampoco fue así. Recordemos que de la Espriella tuvo que iniciar un camino solo porque el proceso del Centro Democrático ya había empezado y sus estatutos no permitían el ingreso de otro aspirante a la presidencia al grupo que ya tenían. Realmente, si los estatutos hubieran permitido a Uribe recibir a de la Espriella, otro candidato tendría ese partido.
El uribismo no es una masa amorfa, sin estructura y que se mueva como veleta para donde mejor le ventee; es una forma de pensar, de ver la vida y de sentir un pensamiento sobre Uribe y sus planteamientos. En ese caso, es muy posible que el uribismo hubiera hecho lo que se tenía que hacer, siguiendo los planteamientos de su máximo líder y no lo que tuvo que hacer por mantener su palabra y respetar los estatutos de su partido.
Creer que Uribe está acabado por el hecho de que perdiera su candidata, Paloma Valencia, es una lectura errada de la situación electoral del momento. Una cosa es que la gente quiera y le agradezca a Uribe lo que ha hecho por el país, y otra muy diferente es que tenga que gustarle los candidatos de Uribe. Desafortunadamente para Paloma, salió El Tigre y se llevó los votos de la derecha, porque si de la Espriella no hubiera participado en la contienda electoral, Paloma estaría en este momento en segunda vuelta.
Pero toda esta situación no solo afecta a Uribe y a su candidata, también tiene implicaciones más amplias en el panorama electoral, como lo demuestra el hecho de que el presidente Petro diga no reconocer el preconteo de votos. Esto también significa que no reconoce la cantidad de votos sacados por su candidato Iván Cepeda, porque en unas votaciones, si no se reconoce la cantidad de votos, se pone en tela de juicio el total de los votos y no solo una parte de esa votación que no nos favorece. Además, la votación sacada por Cepeda no es nada despreciable; tan poco despreciable es que le dio paso a la segunda vuelta y está a un paso de ser presidente de Colombia.
Por otro lado, las emociones que despierta Abelardo de la Espriella, la semiótica utilizada y, en general, su exitosa estrategia de campaña, hicieron que un candidato a quien pocos conocían inspirara a la gente e hiciera que les volviera la esperanza en un país seguro. Por todo lo anterior, Abelardo de la Espriella encarnó lo que el uribismo busca en un candidato: firmeza, decisión, contundencia, arrojo y coherencia.
Tal vez el Centro Democrático cometió un error al no elegir a una candidata como María Fernanda Cabal, quien reunía todas las características necesarias para triunfar y avivar la pasión que despierta Álvaro Uribe. Sin embargo, debo aclarar que Paloma Valencia tenía toda la preparación y los pergaminos para ser una buena presidenta; pero, en algunas ocasiones, eso no es suficiente.
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