ARGENTINA

Messi, un ex jugador

“Messi ya no juega como antes”. “Lio ya no es el mismo”. “El Capitán argentino no pertenece más a la elite”. Dijeron esto y mucho más...

Soccer Football - FIFA World Cup 2026 - Group J - Argentina v Algeria - Kansas City Stadium, Kansas City, Missouri, U.S. - June 16, 2026 Argentina's Lionel Messi celebrates scoring their first goal REUTERS/Claudia Greco
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Sebastián Taján
Colaborador AS Colombia
Periodista argentino egresando de Deportea. Experiodista del Diario Olé en 2002. Productor de SportsCenter - ESPN. Especialista en tenis y fútbol, y Productor Ejecutivo de PEGSA Latam y Coordinador de Tea y Deportea Online
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Messi ya no puede jugar más. Está viejo. Camina mucho. No presiona como antes. No corre como los jóvenes. No juega en Europa. No compite en Champions. No vive bajo el látigo semanal del primer nivel. Está en Miami, rodeado de sol, familia, amigos, mate y una liga que, para los guardianes de la exigencia ajena, no alcanza para preparar un Mundial desde lo futbolístico.

“Messi ya no puede jugar más”. Eso dijeron. Eso insinuaron. Eso escribieron, a veces con prudencia y otras con la impunidad de quien confunde el paso del tiempo con la muerte deportiva. Lo dijeron en Argentina, lo escribieron en Colombia y lo insinuaron en todo el mundo.

Y entonces debutó Argentina en el Mundial. Y entonces el 10 hizo tres goles (en realidad hizo 4 pero uno, un golazo, fue anulado erróneamente por un offside inexistente). Y entonces hubo que guardar, otra vez, las coronas fúnebres.

A las puertas de los 39 años, Messi salió a jugar el primer partido de la defensa de la Copa del Mundo como si el calendario fuera un rumor, como si la edad fuera una opinión y como si el fútbol todavía le debiera una noche más. Argentina le ganó 3-0 a Argelia y los tres goles fueron suyos. No uno empujado de casualidad. No una aparición decorativa. Tres definiciones de figura, de capitán, de dueño de la escena.

Qué problema, Lio. Qué falta de respeto a los que ya tenían escrita la necrológica. La ironía es hermosa: los que decían que ya no podía sostener el ritmo terminaron corriendo detrás de sus propias palabras.

Messi ya no juega como antes, es cierto. Pero ese es el error de análisis. Pretender que juegue como antes. Messi ya no necesita ganarle al partido durante 90 minutos. Le alcanza con elegir los diez exactos segundos en los que el partido se equivoca. Ya no atropella la historia: la administra. Ya no vive en velocidad crucero: aparece como una sentencia. Y cuando aparece, el fútbol vuelve a tener dueño.

Messi ya no puede jugar más, claro. Por eso juega su sexto Mundial. Por eso llega a 200 partidos con la camiseta argentina. Por eso empata el récord histórico de goles en Copas del Mundo. Por eso transforma un debut mundialista en una obra de teatro, con todos los incrédulos sentados en primera fila.

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El problema no es que Messi esté viejo. El problema es que algunos envejecieron antes que él.

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