OPINIÓN

Argentina no te deja tirado

Hay equipos que ganan partidos. Otros que ganan campeonatos. Y muy pocos que sostienen promesas. Argentina pertenece a las tres categorías.

THOMAS COEX
Colaborador AS Colombia
Periodista argentino egresando de Deportea. Experiodista del Diario Olé en 2002. Productor de SportsCenter - ESPN. Especialista en tenis y fútbol, y Productor Ejecutivo de PEGSA Latam y Coordinador de Tea y Deportea Online
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Lo volvió a demostrar ante Egipto, en una jornada que parecía escrita para el derrumbe y acabó en otra página de resistencia. Perdía 2-0. Messi había errado un penal. El partido se había llenado de sombras. El campeón del mundo estaba contra la pared con el orgullo lastimado y el reloj corriendo hacia una de esas derrotas que no solo eliminan sino que también hieren la memoria. Pero la Albiceleste no se fue. Nunca se va…

Qatar. 22 de noviembre de 2022. Argentina 1, Arabia Saudita 2. Aquel incipiente equipo dirigido por Scaloni debutaba con derrota y se avecinaba un nuevo fracaso de Messi. El 10 pasó por zona mixta y, lejos de mostrarse derrotado o cabizbajo, soltó una frase que con el tiempo dejó de ser una declaración para convertirse en pacto, en una bomba de inyección anímica: “Que la gente confíe, que este grupo no los va a dejar tirados”. Y no los dejó. Ganó ese Mundial.

Hoy, cuatro años después, cuando la historia volvió a ponerlo en una noche incómoda, cuando Egipto se puso 2-0, cuando Messi falló desde los doce pasos y el partido empezó a oler a tragedia, el grupo volvió a responder de la misma manera: no dejando tirado a nadie.

No dejó tirado a Messi. Lo rodeó. Lo sostuvo. Lo bancó como tantas veces él los salvó a todos. No dejó tirado a Scaloni que terminó quebrado por una emoción que ya no parecía caberle en el cuerpo. Y no dejó tirada a la gente que, desde Argentina y en Atlanta, volvió a ver en esta Selección algo más que fútbol: una forma de vivir como equipo.

La Scaloneta ganó 3-2 y se metió en cuartos de final. Fue una victoria sufrida, desordenada por momentos, emocionalmente extrema. Pero también fue una victoria profundamente argentina. De esas que no se explican mediante la táctica, sino que simplemente se sienten desde el temple. Del coraje. Desde esa obstinación casi irracional de seguir creyendo cuando el partido ya parece haber dictado sentencia. Este equipo tiene aura.

No siempre juega bien. No siempre domina. No siempre encuentra rápido los caminos. A veces se enreda, se expone, sufre demasiado. Pero tiene algo que no se entrena fácilmente: no se entrega jamás. No se quiebra. Cuando el golpe llega, no mira al costado buscando culpables. Mira hacia adentro buscando respuestas. Y casi siempre las encuentra…

Por eso esta Argentina no emociona solamente por lo que juega. Emociona por lo que representa. Porque en una época de selecciones cada vez más atléticas, más calculadas, más europeizadas, este equipo sigue teniendo un rasgo antiguo y sudamericano: apelar al corazón cuando el fútbol no alcanza.

Hoy hubo fútbol, poco. Hubo centros, goles, cambios, buena lectura y aciertos desde el banco. Pero, sobre todo, hubo una fuerza invisible. Esa que aparece cuando un grupo cree ciegamente su líder. Esa que hace que un defensor vaya al área rival como si fuera un delantero. Que su capitán erre un penal y siga adueñándose de la pelota. Que su DT termine conmovido porque sabe que no dirige 26 jugadores, sino que conduce una causa compartida.

Siempre Argentina. No fue Uruguay en dieciseisavos, como muchos imaginaban. No será Colombia en cuartos, como todos presagiaban. Tampoco Brasil en semifinales, pues la Canairinha ya está de vacaciones luego de caer ante Noruega en 16vos. Una vez más será la Argentina quien dará la cara por Sudamérica. No como superior moral de nadie sino como último estandarte competitivo de una región que todavía entiende el fútbol como una mezcla de talento, sufrimiento y orgullo.

Scaloni dijo en una publicidad, meses antes del arranque del Mundial, que Argentina no iría a ganar el Mundial: iba a defender el título. Y vaya si lo está haciendo. Defenderlo no es levantar la Copa antes de tiempo. Defenderlo es esto: bancar el golpe, levantarse, volver a creer, no abandonar el partido cuando todo parece perdido. Defender el título es jugar como campeón incluso en una noche en la que el campeón sangra.

Argentina sangró ante Egipto, pero siguió de pie. Y quizás por eso esta Selección genera algo tan difícil de explicar. No es solo admiración. No es solo orgullo. Es confianza. Esa confianza que Messi pidió en 2022 y que el grupo convirtió en patrimonio emocional.

La gente confía porque ya sabe que este equipo podrá perder algún día, claro. Podrá quedarse sin piernas, sin precisión, sin suerte. Pero hay algo que jamás hará …

Este equipo no va a dejar tirado a nadie.

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