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“Fue una sensación extraña”: habló el joven domiciliario que recibió insultos de parte de una mujer en Bogotá

El muchacho expresó, a través de varios videos publicados en su cuenta de TikTok, que la situación le generó sorpresa y que aún no entiende cómo mantuvo la calma.

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Colaboradora de As Colombia
Comunicadora social y periodista con 10 años de experiencia en medios de comunicación. Comentarista de diferentes disciplinas, amante de los deportes y enfocada en el deporte practicado por mujeres. Fanática del deporte olímpico y paralímpico.
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El pasado sábado 17 de enero se hizo viral, en redes sociales, un video en el que una mujer, llamada Liliana, agredió a un domiciliario que iba a hacer entrega de tres pizzas de una reconocida marca, un hecho que ha despertado indignación a lo largo y ancho del país.

El repartido fue víctima de insultos y en el material audiovisual se ve como Liliana, acompañada de otra persona, utiliza groserías en contra del joven que, por no decirle doctora antes de su nombre, recibió toda clase de maltratos verbales.

Frases como “lárguese de aquí, que usted ni pertenece a este barrio. Usted es un motociclista, un empleado, ¿no entiende?“, “por eso es que se demoran las pizzas, por gente como usted, lárguese” o llamándolo “gentuza” generaron críticas contra la mujer, de quien ya se había reportado otro caso en una establecimiento de Carulla.

“Me dejó un poquito descolocado”

El joven, conocido en TikTok como @jimenez629_, relató paso a paso los hechos. Primero, contó que trabaja como domiciliario para costear su carrera. Es estudiante de décimo semestre de licenciatura de diseño tecnológico y está “a menos de un año de ser educador”.

No obstante, la situación se puso rara cuando, al llamar para avisar que había llegado, empezó a recibir insultos. “Fue una sensación extraña porque empecé a recibir insultos por parte de ella sin yo haber hecho absolutamente nada. Fue bastante raro y me dejó bastante descolocado de la situación”, manifestó.

Además, agregó que hubo momentos en los que pensó en irse, pero aún así, se negaba, por dentro, a moverse sólo porque Liliana le estaba diciendo que se moviera. “No entendía por qué ella quería correrme de una vía pública sabiendo que no le estaba afectando a nadie ni molestando a nadie”, relató,

Además, el joven aseguró que “el alboroto inicial también fue porque nosotros, al ser repartidores con motos, no podemos entrar a ningún lugar, a menos que nos dejen ingresar la moto. Y en este lugar, que es un edificio, no tenía garaje, o bueno, no tenía garaje disponible para domiciliarios, y yo tampoco puedo entrar, llevarte el pedido hasta la puerta y dejar mi moto afuera porque nos exponemos nosotros”, recordando que no es obligación subir hasta el inmueble de quien pide el servicio.

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