KNICKS 105 - WARRIORS 112

Curry despierta a tiempo para evitar el desastre en el Madison

Los Warriors evitan la tercera derrota consecutiva imponiéndose a los combativos Knicks de un buen Porzingis. Regresó Willy Hernangómez (8+5).

NBA

Aunque a trompicones y sudando hasta el final, los Warriors dejaron atrás el trauma producido por la lesión de Kevin Durant. Stephen Curry (31+8+6) y Klay Thompson recuperaron la puntería para imponerse a unos batalladores Knicks en el Madison (105-112) y evitar así el desastre. De perder, Golden State habría cosechado su tercera derrota consecutiva. Lo que no hemos visto en Temporada Regular desde noviembre 2013, desde hace 293 partidos. Con la veleta de favoritismos apuntando en dirección a Ohio (David Griffin ha respondido a lo grande a las no tan lejanas críticas de LeBron), conviene no entrar en dinámicas negativas. Hay que evitar cualquier tipo de concesión psicológica hacia el rival.

Por todo ello, el encuentro matinal del Madison no era uno más para Golden State. Con Matt Barnes como integrante del quinteto inicial, los visitantes quisieron marcar diferencias desde el inicio. De la mano de un Klay muy inspirado, cumplieron el objetivo. Al término del primer acto habían superado la barrera de la decena de puntos (18-29). Pero en estas Porzingis regresó al parqué y empezó a hacer de las suyas. Con el letón ejerciendo el rol de líder al que está llamado (o en modo unicornio, como prefieran), los Warriors se cortocircuitaron. Los Knicks, con Willy de regreso (8 puntos, 5 rebotes, alguna acción brillante pero algo algo falto de ritmo), descubrieron que enfrente tenían una sombra y fueron reduciendo la diferencia hasta al punto de poner rumbo a vestuarios dominando en el marcador (50-49)

El triunfo local ya no era una quimera. Pero entonces apareció él, Stephen Curry. El primer triple que enchufó en el tercer cuarto no sólo sirvió para olvidar definitivamente su particular vía crucis desde la línea de tres puntos, sino que le citó (una vez más) con los libros de historia. Uno de los mejores tiradores que jamás hemos visto ya es con todos los honores miembro del Top-10 de los máximos triplistas de siempre. Ha necesitado 487 partidos de Regular Season menos que Chauncey Billups para dejar atrás sus 1.830 triples. Se dice pronto.

Como a casi todos los grandes, a Steph le motiva jugar en el Madison (no en vano, en el templo del deporte neoyorquino estableció hace ya cuatro años su récord anotador: 54 tantos). Sirva este otro dato para ilustrarlo: +22 para su equipo con él en pista. El último periodo lo arrancó en el banquillo, lo que aprovecharon Porzingis y su socio Derrick Rose (a campo abierto seguimos viendo en él al Rose de 2011, en estático ya es otro cantar) para volver a limar diferencias. Tanto que el 96-97 asomó por el electrónico. Un espejismo que no altera el final de la película que, a estas alturas, ya se imaginaran. Primero Klay Thompson y luego Stephen Curry aparecieron para inclinar la balanza del lado californiano. Los Knicks no le perdieron la cara al partido en ningún momento, pero los 60 puntos de los Splash Brothers pesaron más. No hay más.