Barras bravas en Colombia

Así superó Inglaterra la batalla contra los hooligans

Tras los actos de las barras bravas, AS Colombia habló con Cass Pennant, primer hooligan condenado a prisión por violencia en el fútbol. Contó cómo se superó la crisis en su país.

Cass Pennat se creía invencible. “Nunca sentí miedo. No lo sentí en la cárcel y tampoco cuando me dispararon. Esa vez caminé directamente al cañón”.

Sobre el final de los años 70, Cass Pennat, un joven negro de 1,95 metros de altura, de ascendencia jamaiquina y adoptado por una pareja del sureste de Londres, era el líder y hooligan más temido de la Inter City Firm, una de las más violentas barras de toda la Gran Bretaña. Hoy, 46 años después, es el fundador y productor general de Urban Edge Films, una compañía de producción de cine y televisión. Su biografía, además de ser un éxito en ventas, inspiró la película “Cass”, estrenada en 2008.

En medio de una escalada de violencia relacionada con barras bravas en Colombia y el aniversario de la tragedia de Hillsborough, AS Colombia habló con Pennant sobre su pasado como hooligan y cómo se superó la crisis en Inglaterra.

A sus 18 años usted era el líder y la cara visible de la barra más popular y peligrosa del West Ham United. ¿Cuándo fue la primera vez que tuvo contacto con los hooligans?

“Fue cuando tenía entre 11 y 12 años. Durante los 60s, muchos jóvenes dejaban el colegio entre los 15 y 16 años para ir a trabajar a las fábricas, porque el gobierno insistía en darle fuerza a la clase obrera para levantar la economía. Por eso, la vida de pandilla se convirtió en la única opción de los jóvenes, ¡porque no había nada más que hacer!”

En 1980, Pennant fue condenado a cuatro años de prisión por violencia en el fútbol, siendo así el primer hooligan en recibir una condena. Salió de prisión, solo para volver poco tiempo después. Entre esas dos condenas, Cass escribió su biografía, la cual 23 años después fue publicada, convirtiéndose en un éxito en ventas en toda Europa.

¿Por qué era importante para usted contar su historia?

“A los 20 años ya estaba en la cárcel, y puedo decir que todos los medios de comunicación contaron mi historia y me juzgaron. Pero no sabían que era adoptado, que había sufrido de bullying por mi color de piel, que nunca me adapté en ningún lado y solo sentí odio de la sociedad hacia mí. En esa celda, y por primera vez en mi vida, me cuestioné y reflexioné. Todo lo que estaba sintiendo solo lo podía expresar escribiendo. Y así lo hice”.

¿Fue entonces cuando decidió dejar a un lado a los hooligans?

“Reflexioné sobre cómo convertirme en un líder positivo una vez saliera de prisión. Me di cuenta de que uno no es un gran líder por ser el más fuerte y el que mejor pelea, sino entendiendo contextos sociales, entendiendo a mi pandilla. Comprendí que las personas pueden perdonar y ser perdonadas, sin importar de qué equipo sean, porque eso es insignificante”.

Cuando volvió a la libertad, y mientras trabajaba como guardia de seguridad en un bar, Cass recibió tres disparos producto de una disputa sin saldar con una barra rival. Para Cass, uno de los problemas más profundos de las barras es lo difícil que es dejarlas.

“Una vez perteneces a un grupo de estos, y adquieres una reputación, se necesita de un carácter extremadamente fuerte para salir y decir: ‘no más’. La reputación nunca te abandona. Tres veces intenté romper el círculo de la violencia y el fútbol. Y tres veces me trajo de regreso. Me encontré hace poco al actual líder de la ICF. ¡Tiene 63 años! Tiene su casa, su familia, su empresa. Lo tiene todo. ¿Por qué sigue en esto? Así de difícil es salir de ese mundo”.

Cuando los hooligans se convirtieron en un problema nacional, ¿cuál fue la primera respuesta del Gobierno?

“La crisis llegó en la década de 1980. En ese momento, los hooligans eran los protagonistas de los periódicos y todos los medios de comunicación. Los clubes creyeron, y con arrogancia, que podían resolver esto solos sin la intervención de la Policía o el Gobierno. Cuando el “hooliganismo” se salió de las manos y se convirtió en un fenómeno nacional, e incluso internacional, comenzó la cultura de las culpas: el gobierno culpó a los clubes, los clubes responsabilizaron a la Policía y la Policía a los padres de familia. Y todo eso nos fortaleció como pandilla. Comenzamos a pensar: ‘No pueden detenernos’”.

Parece que es necesario una tragedia para caer en cuenta de que la violencia entre barras es algo real y no un juego. En su caso fueron dos sentencias y tres disparos. Para Inglaterra fue Heysel

“Y también la tragedia de Hillsborough. Todo cambió después de eso, porque era muy raro que alguien muriera durante un partido de fútbol. La violencia era en las calles hasta cierto nivel. Nadie pensaba que no regresaría a casa después de un partido de fútbol. Después de Heysel y Hillsborough, todos pensamos: '¿en qué nos hemos convertido? ¿Hasta dónde hemos llegado?'”

¿Cree que las largas condenas contra los hooligans también los hicieron reaccionar y salir poco a poco de ese mundo?

“Claro, eso nos hizo pensar que en verdad esto era algo real y no un juego. Comenzaron a dar condenas de 10 años de prisión a los líderes de las barras. Comenzamos a ser tratados como ladrones de bancos, violadores. ¡Verdaderos criminales! De repente ya no podíamos tener vidas normales. Todo cambió".

¿Qué más influyó para que en Inglaterra se controlara el movimiento de los hooligans?

“Durante el mismo periodo de Heysel, la juventud pasó de clase obrera a clase media-alta. Los jóvenes pasaron de trabajar en las construcciones y fábricas para montar su propio negocio. El dinero comenzó a llegar a las casas y la gente se fue separando un poco de ese ambiente. El pensamiento era: '¿quiero pagar 10 años de cárcel o montar mi propio negocio?' Además, las tragedias de Heysel y Hillsborough llevaron a Margaret Thatcher a decir: '¡Basta!'. Se instauró el informe Taylor y después se convirtió en el Football Disorder Act en el año 2000. Se quitaron las rejas y se volvió obligación tener asientos en todas las tribunas de todos los estadios. Se instalaron circuitos de cámaras para identificar a los violentos. El fútbol en Inglaterra no volvió a ser el mismo ”

En 1992 el torneo de liga pasó a ser la Premier League. ¿Cómo afectó este cambio?

“La llegada de la Premier League cambió muchas cosas. Los clubes sabían que la Premier League llegaría con mucha inyección de dinero, pero que los empresarios no iban a invertir si sabían que los estadios podían ser sancionados por la violencia. Con tanto dinero y patrocinio de por medio, la persecución contra los hooligans fue masiva. El Gobierno, los clubes, inversores y empresarios de todos los sectores se unieron para aplastar a los hooligans”.

Jorge Perdomo, presidente de la Dimayor, afirmó el pasado martes que se está trabajando junto al Ministerio del Interior para contrarrestar la violencia de las barras bravas. Cass, después de sobrevivir a ese mundo, le envía un mensaje al país y a todos los violentos: "Siempre hay dos partes en la vida, y llega un momento en donde uno tiene que elegir entre un camino y el otro. No esperen a que lleguen las tragedias para actuar".