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Moreno: Lucumí lloraba porque no jugaba en todas las categorías

América de Cali

Moreno: Lucumí lloraba porque no jugaba en todas las categorías

AS Colombia habla con el descubridor de Lucumí

Colprensa

“Lloraba y se enojaba porque no podía jugar en prejuvenil A y B, en la Sub-20, y quería viajar con la profesional”, reveló a AS el presidente del Atlético, sobre el jugador del América.

Gustavo Moreno Arango, reconstruye: acompañó en los procesos formativos a Giovanni Hernández, Yulián Anchico, Daniel y Jorge Briceño, Rubén y Darío Bustos, Hárold Viáfara, Rubiel Quintana, Julián Viáfara… “la lista es larga”, comenta. En la misma, también se cuenta el hoy jugador del América Steven Lucumí, brotado de una de las filiales del entonces Dépor -ahora Atlético- en el Oriente de Cali. “Tenemos cerca de 650 muchachos. Me ha gustado ayudar, y mientras tenga la posibilidad, lo seguiré haciendo”, sostiene Moreno Arango.

Ya suma más de 40 años conviviendo en las diferentes canchas del Valle del Cauca y de Colombia. Fue uno de los forjadores del Boca Juniors de Cali, a mediados de los 80; ejerció como vicepresidente del Independiente Medellín, y desde el 2006, creó el otrora Dépor Jamundí. Desde su rol como dirigente de fútbol, lideró la creación de Copa Colombia, y mucho antes, ejerció presión para la constitución del Torneo de la B.

“En la Dimayor, soy el que me pongo la camiseta de los 36 equipos del fútbol colombiano. Me tocó dar la ‘pelea’ durante casi tres años para que se aprobara la Copa Colombia, como un crecimiento para los equipos de la B, y algunos de la A menospreciaron el torneo. Cuando me he equivocado, ha sido de buena fe, con honestidad. También tuve un duro enfrentamiento con el fallecido León Londoño Tamayo (fue presidente de la Dimayor y de la Federación Colombiana de Futbol), para que naciera la Primera B; le falté al respeto muchas veces”.

Y por su ascendencia en la dirigencia del fútbol nacional, afirma que la estacada iniciativa del G-8, “fue un apetito voraz, económico y de figuración. Iban a afectar al fútbol de la B, nos iban a quitar el ‘raspado’, por fortuna solo eran 8, sin embargo, se impuso la fuerza de los 36 equipos del fútbol colombiano”.

El equipo que preside, el Atlético F.C., se despidió el pasado miércoles de la Copa Águila, sin sumar un punto. En el Torneo de la B, también ocuparon la última casilla, tras haber registrado solo 12 puntos de 48 que disputaron. ¿Es una deshonra? “Es una frustración, no deshonra. La única persona que sabe todas las dificultades que se viven en este equipo, soy yo. He estado perseguido, maltratado, abandonado… por falta de respaldo a un proyecto social serio. Para muchos, la gran frustración ha sido que no me han visto parado con una tutuma en un semáforo, pidiendo plata para el equipo”.

No obstante, a tantas vicisitudes, su proyecto social y deportivo, ha contribuido al mejoramiento de la calidad de vida de muchos jóvenes en el Valle del Cauca y en Colombia, el reciente sonado caso es el de Steven Lucumí, quien no ampliará su contrato con el América y seguramente será transferido al balompié europeo. “La llegada de Lucumí al América, se dio gracias al expresidente del equipo Oreste Sangiovanni, él conocía al jugador, por los diferentes partidos en los que nos enfrentamos, y en el 2014 establecimos un convenio”, precisó Gustavo Moreno.

¿Cómo hallaron a Lucumí?

“Él llegó a una de las satélites del equipo, Dépor Olimpia, lo dirigía Édgar Mora ‘Sapuca’, llegó a los 12 0 13 años. Lucumí siempre fue difícil, por su temperamento, porque él es un varón del fútbol. Él sabe qué es lo que quiere en la vida y lo luchó, se enfrentó con quien tenía que hacerlo. Lloraba y se enojaba porque no podía jugar cuatro partidos en la semana, en todas las categorías, en prejuvenil A y B, en Juvenil A y B, en la Sub-20, y además quería viajar con el equipo profesional. Era el primero que llegaba a los partidos, el que primero salía a la cancha y era el que definía”.

¿Por qué lo toleró tanto?

“Por sus condiciones. Conocí a su mamá, una gran señora, trabajadora, con muchas dificultades en su hogar. Y él siempre tuvo el sueño de sacar adelante a su familia y eso da bendiciones de Dios y las va a seguir teniendo, porque es un gran muchacho”.

Usted era el único que lo persuadía, ¿cómo lo lograba?

“(Risas). Él es un muchacho muy agradecido y sabía que cuando se portaba mal, yo lo castigaba. Él valoraba mucho el saludo y el abrazo, entonces, le dolía mucho cuando lo ignoraba. Siempre le insistí que lo primero que tenía que hacer cuando ganara dinero, es invertir en su familia”.

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